domingo, 26 de diciembre de 2010

La guitarra estaba desafinada y vos la tocabas igual. Faltaba una cuerda, eran dos de un lado, vacío, y tres del otro. Nunca supe qué notas no pudiste tocar por esa que no estaba, porque todo el oído musical que vos tenías a mí me faltaba. Yo sólo disfrutaba y cerraba los ojos con vos. Compartíamos eso: no ver. Quizás vos llegaste a alucinar la música frente a tus ojos, metida en tus párpados. Bailando y ondulando fugazmente, burlándose de tu oscuridad y negándotelo todo. No nos creas, miranos y sentinos. Viví ignorándonos, no nos duele. Siempre vamos a bailar, aunque nos espantes. Aunque te espantemos. No nos tengas miedo, sólo nos gusta mostrarnos. Somos malas, pero nos disfrutás y sonreís cuando seguimos el ritmo de tu guitarra desafinada. ¿Alguna vez nos viste la cara? La escondemos tanto que no sabemos si la reconocen. Todo se basa en la ignorancia, y en la facilidad con la que te dejás llevar. Fluir es tan fácil, si lo pensás bien, todo debajo de la piel es camino. Para la sangre, para el oxígeno y para nosotras.

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