miércoles, 20 de octubre de 2010

Se te cae la piel. Seca, totalmente seca. Te secaste. Y sonreís como nunca sonreíste antes. Seca por fuera. Por dentro quizás un poco más mojada, bañada en lo que ya no te queda. Pasa que tenías una reserva escondida. ¡Ay, guacha, qué bien la hiciste! solo para vos. Y movés tu mano sin piel para señalar. Y con tu boca llena de grietas criticás. Te secaste por tu propio ácido. Nunca supiste entender que no era bueno. Es que todos tenemos ácido, sí, pero vos superás a cualquiera. Criticás. Criticás y humillás. Eso te encanta. Te encanta pero te seca. Y te mirás al espejo y te ves completa, te ves hermosa, te ves hidratada. Pero estás seca. Y cuanto más te secás mejor te ves y mejor te sentís. Llegás a amarte. Y la piel a tu costado cruje. La pisás y grita. La pisás y llora. Vos sonreís. Y el ambiente se vuelve ácido. Todos empezamos a secarnos, y eso podés verlo. Nos ves secarnos y nos hechás la culpa. Pelotudos, idiotas, imbéciles. Cuanto más nos ves secándonos más te gusta estar hidratada. Hasta que te das vuelta y te ves seca. "pelotudos, idiotas, imbéciles" nos hechás la culpa.

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