viernes, 23 de octubre de 2009

I don't wanna lose you.

El sol raspaba la línea del campo, amenzando con volver naranja a todo aquello que lo rodeaba. Cuatro risas armónicas retumbaban y se repetían desde las cuatro de la mañana, constantes y contajiosas. Ocho ojos cansados, opacados por una noche sin sueño, mostraban la diverisón de las cuatro amigas sentadas en la entrada de la casa, pegadas una a la otra, intentando no hacer ruido, y sin conseguirlo. Pelos rubios, marrones, negros y rojos se mezclaban al compás de la risa, sacudiéndose exageradamente. La más cansada del grupo observó detenidamente, con sus dos perlas grises enmarcadas por los párpados, a sus tres compañeras. ¿Por qué se tenía que terminar? Quería guardar ese momento, quedarse con el amanecer de testigo, y sus amigas de acompañantes eternas. Absorta en su nostalgia embriagante, se perdía en sus tres blancos, que la miraban intrigados. El ambiente se volvió silencioso un momento. Finalmente, la mirada volvió a cobrar vida y un nuevo chiste llenó el cielo de carcajadas.

1 comentario:

  1. dios, mar, escribís hermoso. te amo mucho y me morí de risa con el post anterior.

    ResponderEliminar