lunes, 15 de junio de 2009

Y en ese momento mis ojos fueron testigos de lo más lindo.

Mis pies andaban por los mismos lugares que cualquier lunes, tranquilos, siguiendo la rutina. Mis labios seguían la letra de la canción de mi reproductor de música sin emitir sonido alguno. Mi nariz olía el mismo aire contaminado de la ciudad y mis manos caían inertes al costado del cuerpo, el cual seguía cierto compás inentendible. Y entonces lo vi. El más perfecto de los seres caminaba despreocupado por la calle, balanceando sus extremidades a cada paso. ¿Cómo puede ser que apareciera por allí? mi paseo por la calle estaba planeado en cuanto al suyo, para no toparme con él y no someterme a la más terrible de las humillaciones, ya era suficiente con el colegio. Procuré girar tan rápido como mis pies me lo permitieran pero sus ojos, hipnotizantes e inexplicables me interceptaron y me cautivaron. "No" imploré, "no de nuevo". Se acercó hacia mí y cada paso suyo me hacía cada vez más pequeña, hasta desaparecer. Solo dijo:
- Hola, sam, ahora no puedo hablar mucho, si llego tarde a mi clase me matan, nos vemos, dale?
todo eso acompañado de un beso, el mejor de todos.
¡Maldición! ahora tengo que volver a planear mi camino.

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